Día 5. Shinjuku y Shibuya, Tokyo

Amanece un bonito día en Tokyo, estamos en el mes de las lluvias pero de momento el tiempo nos respeta, lo que no quita para que haga bastante calor que se pega gracias a la humedad. El hotel Niwa no está gustando cada vez más, y el desayuno es muy bueno. A lo que no termino de acostumbrarme es al olor a pescado en el desayuno, prefiero el olor a café y tostadas.

El plan del día nos llevará a visitar Shinjuku primero para después ir al barrio de Shibuya y conocer su fotografiado cruce. Los dos sitios están cerca uno del otro, pero conociéndome seguro que haré andar a Bea lo suficiente como para que se acuerde de mis ancestros.

Cogemos el tren en Suidobashi, algo que se va a convertir en rutina, y directos en la Chuo Line hasta Shinjuku en menos de 8 minutos. Este barrio se sitúa al oeste de Tokyo, y está compuesto por una zona de enormes rascacielos, entre los que se encuentra el imponente Tokyo Metropolitan Goverment, una Electric Street al estilo de Akihabara, pero en pequeño, y Kabukicho, una zona de restaurantes, teatros, cines… a la que volveremos otro día de noche que es cuando más sentido tiene. Para los que hayáis visto Lost in Translation recordaréis esta zona porque aquí se grabaron muchas de las escenas de la película y está el hotel donde se alojaba Bill Murray, el Park Hyatt. Por cierto, ahora que me acuerdo de Bill Murray, lo de la escena de la ducha que le llega la alcachofa por la axila es verídico y lo hemos sufrido en nuestras carnes.

Salimos del la estación de tren y empezamos a pasear por la zona de rascacielos para llegar hasta el Tokyo Metropolitan Goverment. La mayoría son hoteles y oficinas, con ejecutivos que recorren sus calles a toda velocidad, todos vestidos con el mismo traje oscuro de rayas. Llegamos al TMG, para subir hasta el piso 45 y observar Tokyo desde las alturas, dicen que un día despejado, que no era el caso, se puede ver el monte Fuji. Hay dos observatorios, uno en cada torre, y la entrada es gratuita. Una vez arriba nos asomamos a las vistas que nos ofrece estar a tantos metros del suelo. La vista merece la pena, y allí arriba confirmas lo que desde abajo habías empezado a intuir, Tokyo es una amalgama sin orden en la que las casas bajas se mezclan con edificios grandes y lo nuevo convive con la tradición de las pagodas y templos que puedes encontrar a la vuelta de cualquier esquina.

Una vez devueltos al piso uno (aquí no hay planta baja) nos acercamos hasta la Electric Street. Tiendas y tiendas y tiendas, con su grandes carteles, neones, dependientes gritando en la puerta sus grandes ofertas. Entramos en alguna tienda para comprobar, una vez más, que el cambio euro yen nos va a quitar las ganas de hacer compras. Aprieta el hambre y hoy no tenemos ganas de hacer experimentos, así que vamos sobre seguro y nos vamos a un italiano, unos espaguetis hoy nos vendrán bien. Comer en Japón no es caro. El hombre que se sienta en la mesa de al lado en el restaurante nos hace ver lo tranquilos que viven en este país. En mitad de la comida recibe una llamada, para no molestar sale fuera dejando su maletín abierto en la silla, un maletín con documentos, ordenador portátil… Yo esto lo quiero en España.

Suficiente Shinjuku por hoy, volveremos para ver Kabukicho por la noche. Otra vez el tren, otra vez la Chuo Line y en tres paradas aparecemos en Shibuya. Salimos de la estación por la salida que no es, un clásico. Si queréis ver el cruce nada más salir de la estación tenéis que salir por Hachiko, pero eso lo sé ahora. Vaya, a mi este cruce en las fotos y en las pelis me parecía más grande… ¿seguro que es este el cruce? Pues parece que sí, volveremos más tarde a ver si con la noche y las luces y con mayor aforo la cosa mejora.

Cruzando la zona de tiendas se llega al parque Yoyogi, lugar de encuentro de toda tribu urbana que se precie en Tokyo, gente que pasea al perro, frikis que practican sus aficiones (como tocar el banjo…), amigos que se reúnen para contarse la vida o tomarse una cerveza, gente haciendo deporte… Te sientas en el césped y empiezas a mirar a tu alrededor y tienes para pasarte horas sin aburrirte y sin poder cerrar la boca. Una vez cubierto el cupo del asombro, pasamos al parque de al lado donde se encuentra el Templo Meiji.

Esto es lo que me alucina de Tokyo, estás en el parque Yoyogi, andas unos metros y te encuentras delante de tus narices con toda la tradición del Templo Meiji, que está dedicado a la memoria del emperador Meiji y su esposa. Sus más de 100.000 árboles ocultan el sol y te sumerges en la más absoluta tranquilidad de un bosque alucinante (no sé las veces que habré utilizado alucinante en este diario, aunque en realidad la palabra que me sale es acojonante). Los toris inmensos que encuentras en el camino te llevan hasta el templo. Una vez allí, un grandioso árbol recoge a su alrededor miles de tablillas con las plegarias de la gente, nosotros hicimos la nuestra… El tiempo se nos ha echado encima y cierran el parque, deshacemos el camino para poder ver Shibuya en todo su esplendor, una vez más el contraste.

Según te acercas al cruce de Shibuya se hace más complicado andar por la acera, gente, mucha gente, cada uno de su padre y de su madre y con las pintas más raras que te puedas imaginar, pero creo que el tema de las pintas lo explicará mejor Bea.

Ahora de noche y con tropecientas mil personas a mi alrededor esto ya se va pareciendo más a lo que tenía en la cabeza. ¿Adónde va toda esta gente? Subimos al Starbucks y nos tomamos un café para ver el espectáculo desde arriba, es una locura. Deseas que se ponga el semáforo en verde para que empiece la avalancha de personas. Bajamos, esperamos en la acera, nos ponemos en primera fila, se pone en verde y cruzamos junto a miles de personas. Ya me puedo morir tranquilo, he cruzado Shibuya por todo el medio. Buenas noches!

Más fotos en Flickr de Shinjuku aquí y de Shibuya aquí.