Día 4. De Osaka a Tokyo

Nos despedimos de Osaka para dar el salto a la joya de nuestro viaje, Tokyo. La gran urbe nos espera para acogernos durante los próximos 5 días y no queremos hacerla esperar, así que madrugamos, hacemos parada en el Starbucks para desayunar como Dios manda, o no, y cogemos el Shinkansen que nos lleva directos en unas dos horas.

Pasamos el viaje entre cabezaditas, echando unas miradas al paisaje que cambia de forma incesante, y revisando las fotos que hasta ahora hemos hecho, que ya son bastantes. Los vídeos los dejamos para cuando lleguemos a Madrid, que con fotos y diario de momento es suficiente.

Llegar a Tokyo, bajarse del tren y entrar en la estación de Tokyo Central es sumergirse en una realidad que apabulla. Es un complejo de pasillos y más pasillos, carteles, pantallas, tiendas, miles de personas que andan de forma apresurada para llegar a su destino, y tu, pobre turista que acaba de bajarse del tren con la cabeza todavía en el último sueño piensas que para empezar esto es demasiado.

No hay tiempo para aclimatarse, hay que poner en marcha la maquinaria, busquemos la salida de la estación de Shinkansen y pasemos a la estación de trenes. Tokyo es un marasmo en el que se entremezclan las líneas de tren de JR (Japan Rail), las líneas de Metro y las líneas de tren privadas. ¿Complicado? De momento si.

Nuestro destino es la estación de tren de Suidobashi, donde se encuentra nuestro hotel. En 20 minutos podríamos llegar caminando, pero es tarde, el equipaje de Bea pesa y el check in del hotel hace casi dos horas que lo hemos sobrepasado, pero no hay problema, están avisados.

La línea de JR que llega hasta Suidobashi desde Tokyo Central es la Chuo Line, pero no de forma directa y eso todavía no lo hemos descubierto. Por la misma estación, por la misma línea y por el mismo andén pasan distintos trenes. Por la Chuo Line pasan los trenes locales y los rápidos, y cada uno para en distintas estaciones. Estamos en el andén y ando un poco desconcertado porque todavía no lo he descubierto. Aunque sepas de antemano que la gente que te rodea no habla inglés, eso no es ningún problema porque harán lo indecible para echarte una mano. Preguntamos a un ejecutivo, delante de un mapa y con señas, nos indica que tenemos que ir hasta Ochanomizu y hacer el cambio al tren local que para en Kanda y Suidobashi. Ya tengo la clave, lo he descubierto.

Perfecto, hemos llegado ha nuestro destino. Todas las estaciones tienen varias salidas, las más pequeñas este y oeste o norte y sur, la grandes norte, sur, este y oeste, y las más grandes todas las opciones anteriores más una combinación de todos los puntos cardinales posibles… pues siempre salimos por el extremo contrario, y Suidobashi no iba a ser la excepción. Una vez que comprobamos que hemos salido por la otra punta nos disponemos a pasear y ayudados por una mapa llegamos al Niwa Hotel.

Un hotel nuevo, amplio, bonito, con una habitación en la planta 13, para más señas la 1308,  con una vista, y perdón por la palabra pero es que no encuentro ninguna mejor, acojonante, sobre todo de noche con todos los rascacielos que nos rodean iluminados. Estamos a diez minutos andando de Akihabara, unos diez minutos del Palacio Real, bien conectados en tren para llegar a Shinjuku o Shibuya. Pero es tarde y decidimos pasear y perdernos un poco por el barrio, parando para a comer algo. Entramos en un pequeño establecimiento de esos que tienen los platos expuestos en el escaparate (platos que son de plástico) y con una máquina en la que sacas los tickets de lo que quieres comer. Mi primer plato bien, el segundo mal porque eran fideos fríos y hay cosas que yo no puedo comer si no están calientes, soy así. Y el plato de Bea… pues mucho mejor en el escaparate…

Seguimos caminando y llegamos a las puertas del parque del Palacio Real. El cielo oscurece amenzante y el cansancio acumulado y el provocado por el viaje nos hace tomar el camino de vuelta hacia el hotel. Antes paramos en un supermercado para comprar algo de fruta y agua. Los precios de la fruta son disparatados, seis melocotones 29 euros, dos tomates 4 euros, un kiwi casi 2 euros… así que poca fruta llegó hasta la cesta. En una entrada aparte os contaré cómo es pagar aquí, cómo te atienden… se merece que me explaye.

Nos vamos a la cama que mañana nos espera un largo día. Buenas noches!

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