Día 3. Hiroshima y Miyajima desde Osaka

Nuestra primera experiencia con los trenes bala, Shinkansen para los japoneses, la tuvimos con el viaje a Hiroshima. Hay tres tipos de trenes Shinkansen, tenemos los Nozomi, los Hikari y los Kodama. Con el Japan Rail Pass sólo se pueden utilizar los dos últimos y los vagones que no tienen asientos reservados. Si queremos reservar un asiento deberemos pagar un plus, pero de momento no hemos tenido problemas con los vagones de asientos no reservados. En los paneles de información te indican cuántos vagones tiene el tren y cuáles de ellos son los de asientos no reservados. Luego, en el andén, tenemos unos carteles en el suelo que marcan dónde van a estar situados los vagones cuando el tren se detenga en función del número de vagones del tren. Fácil, ¿no?

Desde Osaka, los trenes Shinkansen salen de la estación Shinosaka, a la que se puede llegar en Metro o en tren. Desde la estación central sólo es una parada. Los trenes Shinkansen son bastante llamativos por su diseño, y en el interior son muy amplios, con asientos grandes y cómodos, son perfectos para echar una cabezadita. Tienen una amable señorita con un carrito por si quieres comprar comida y bebida. Un detalle, fijaos que cada vez que la señorita del carrito o el personal del tren atraviesan una puerta, antes de que se cierre hacen una reverencia al pasaje… Los trenes funcionan tan bien que resulta muy fácil usarlos. De momento no nos hemos perdido.

Una vez en Hiroshima cogemos un tren de cercanías para ir hasta la ciudad de Miyajimaguchi. Al salir de la estación, cruzando la calle principal salen los Ferris hasta la isla de Miyajima. Salen con bastante frecuencia y el trayecto apenas dura unos minutos. Os recomiendo que no os sentéis en el Ferry y que subáis a la cubierta, hay unas vistas espectaculares de la isla. Y al desembarcar… oh sorpresa, otra vez todo lleno de ciervos. Yo no sé a quién se le ocurrió la idea de soltar ciervos por medio Japón, aquí les hace mucha gracia, pero los pobres animales deben de estar hasta los coj… de los turistas.

Miyajima es una pequeña isla sagrada cercana a Hiroshima conocida por la belleza de sus paisajes que integran naturaleza y templos sintoístas y budistas. El templo más famoso de la isla es el sintoísta Itsukushima, que es patrimonio de la humanidad. Está considerado como uno de los lugares más bellos de Japón y también del mundo. Se construyó hace más de 1.500 años y se ha reconstruido varias veces. Lo más famoso del templo es una enorme puerta Torii a la que se puede llegar caminando cuando hay marea baja, y cuyo reflejo se puede ver en las aguas del mar cuando hay marea alta. La foto de la puerta Torii del templo de Itsukushima en Miyajima es una de las estampas más conocidas de Japón.

Nosotros llegamos sobre la 11 de la mañana y la marea estaba baja con lo que tuvimos la oportunidad de poder acercarnos hasta la misma puerta. La isla también cuenta con templos y pagodas bastante interesantes de visitar, y se puede aprovechar para dar un paseo por los senderos que la rodean para, una vez más perdernos un poco y comprobar cómo es la vida en la isla. Explico lo de perderse. Nosotros, de momento, casi no hemos encontrado turistas occidentales, apenas un par de ellos. Pero turismo japonés hay el que quieras y más, formado por grandes grupos de escolares (quién ha dicho que no son escandalosos) y de personas mayores. Como te pille un grupo de estos para subirte al Ferry o para entrar en un museo vas apañado, así que lo mejor es huir un poco de ellos.

De vuelta a Hiroshima aprovechamos para comer rápidamente un sándwich y empezar nuestro periplo por la ciudad que fue escenario del primer bombardeo atómico de la historia, el 6 de agosto de 1945, en el final de la Segunda Guerra Mundial, por la aviación estadounidense, ordenado por el ex presidente Harry Truman. Desde la estación de tren se puede ir en tranvía hasta la cúpula de Gembaku, edificio preservado exactamente como se encontraba después del bombardeo, sirve hoy como un memorial de la devastación nuclear.

El trayecto se hace en la línea 6 y cuesta 150 yenes que se pagan al bajar del tranvía. Durante el viaje, me puse a preparar las monedas para pagar, y la verdad es que me estaba haciendo un lío,  hay muchas y muy variadas… La viejecita que estaba sentada a mi derecha se percató de mi problemática, cogió mi monedero, me preparó las monedas y me las puso en la mano, todo con una dulzura y cariño que te dan ganas de llevarte a la viejecita a casa. El problema del idioma no supone ninguna barrera, siempre están dispuestos a ayudarte, habrá japoneses idiotas, no lo niego, pero nuestra sensación es que hacen los esfuerzos que sean necesarios para echarte una mano. Si encontramos al japonés idiota os aviso y le hago una foto.

El museo Hiroshima Peace Memorial que se encuentra al final del parque merece la pena. Hace un repaso muy interesante de lo que era Hiroshima, de lo que pasó durante la guerra y cómo se llego a la situación de pasar a la Historia por ser bombardeada por un arma nuclear. Cuenta las consecuencias que la explosión dejó en Hiroshima, hay muchos objetos expuestos del momento de la explosión, incluido un reloj que se paró en el momento fatídico. Para finalizar, hace un repaso de los países que cuentan con armas nucleares en su arsenal y de la problemática a nivel mundial de las armas nucleares. Un lugar para la reflexión.

Hiroshima tiene poco más que ver, no quedó nada después de la explosión, por las fotos que se conservan debía de ser una ciudad preciosa. Lo que hoy tenemos es una ciudad cosmopolita que ha superado lo que sucedió y que tiene puesta su mirada en el futuro.

No me quiero despedir hoy sin desmontar algunos mitos, al que no le guste que cierre los ojos y lo siento por la cantidad de webs y blogs que se dedican a contar cosas sobre los japoneses que sobre el terreno compruebas que son falsas. Eso de que no te tocan y que las monedas se dejan en el mostrador es falso, te devuelven el cambio en la mano. Si les suena el móvil en el metro lo cogen y hablan, y hemos visto a unos cuantos. Tampoco van callados en el metro o el tren, en numerosas ocasiones van charlando a viva voz. Lo de que no te miran a los ojos y que son reticentes a mezclarse con los extranjeros tampoco es verdad, nos hemos cruzado con bastantes japoneses que se han interesado por nosotros, nos han preguntado… en fin, que no les damos miedo. Quizá, años atrás alguna de estas cosas pudo ser cierta, pero las nuevas generaciones parecen mucho más abiertas y cercanas. Buenas noches y mañana os contamos desde Tokyo!

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