Día 1. Lo conseguimos, llegamos a Japón

Antes de empezar este diario desde Japón, quería dar las gracias a todos por el maravilloso día que pasé, y porque tengo la mujer más maravillosa del mundo, ¡gracias!

Empezamos el viaje el lunes 7 de junio a las 14 horas cuando, por fin, fui capaz de sacar a Bea de casa, hay cosas que ni el matrimonio es capaz de cambiar. En el trayecto hacia el aeropuerto de Barajas nos econtramos a mi madre, que encantada nos acompañó hasta la Terminal 1, donde facturamos sin problemas con Turkish Airlines (os recomiendo hacer el check in el día anterior por Internet). El vuelo salió con una hora de retraso, con lo que llegamos a Estambul bastante tarde. El viaje sin problemas, nos dieron de cenar muy bien, Bea durmiendo, y mi compañera de viaje de mi izquierda una vieja pesada que andaba algo nerviosa… Bajamos del avión y comprobamos en las pantallas que el vuelo a Osaka estaba embarcando y que la puerta se encontraba a la otra punta de la terminal, así que a correr un poquito después de casi 4 horas de vuelo.

Llegamos y comprobamos que sólo éramos dos parejas de occidentales entre toda una multitud de japoneses, no sé qué pretendía encontrar en un viaje hacia Osaka. Embarcamos en un avión bastante amplio, y las amables azafatas turcas nos dan un kit de viaje imprescindible para las 12 horas que tenemos por delante; manta, un cojín, zapatillas de andar por casa, antifaz, calcetines, ¿vaselina?, cepillo de dientes, y auriculares. Se me hizo largo, larguísimo, no conseguí ver ni una peli, nos dieron de comer tres veces y la última pasé, dormir a ratos… una viaje rompedor (Bea contará su parte, sólo adelanto que a la llegada sus tobillos eran como las rodillas…). Llegada a Osaka a las 17 horas (hora local), trámites de inmigración con un amable funcionario que nos ayudó a rellenar un formulario (que si soy un delicuente, que si me han expulsado alguna vez de Japón, que si llevo drogas…), nos toman las huellas, una foto para el recuerdo y ya estamos en Japón.

Cuando fuimos a buscar las maletas ya estaba un trabajador del aeropuerto esperándonos con ellas, así da gusto recoger el equipaje si lo hacen por ti. Un nuevo control, esta vez con las maletas, y nos damos de bruces con la realidad de que los japoneses hablan algo muy raro que ellos creen que es inglés. Al final nos ponemos de acuerdo y conseguimos entendernos, que qué tiempo íbamos a estar en Japón, en qué ciudades, en qué hoteles, qué día nos marchábamos, lo quería saber todo y las respuestas le convencieron.

Salimos, por fin, y directos a la oficina de cambio a por unos yenes. Otra vez, y esto parece que va a ser algo común durante todo el viaje, nos ayudan a rellenar los papeles para realizar el cambio euros-yenes, y el inglés mejor lo olvidamos y pasemos a las señas. Me acordé de los griegos, de su gobierno y de toda su familia, de la coyuntura internacional y de la globalización al comprobar que un euro ya sólo te lo cambian por 105 yenes cuando hasta hace no mucho eran 160… pero esto ya no tiene solución, así que por favor, deme los yenes que pueda. De ahí, directos a las oficinas de Japan Rail Pass para canjear nuestros billetes, y por el camino alucinando con el silencio y la tranquilidad que hay en el aeropuerto de Kansai en hora punta. Ya en las oficinas de JPR nos encontramos con otra cosa que nos sorprende, lo avanzados que son para algunas cosas, y que para sacarnos el JPR lo escriban a mano en un cartón como el del bingo y que cuente los días con una especie de ábaco… Nos pregunta cuál es nuestro primer destino y nos indica que el primer tren directo hacia Osaka sale por la vía 3 en 10 minutos. Entramos en la estación, le eseñamos nuestro cartón del bingo al señor de la garita que nos deja pasar con una inclinación de cabeza y nos subimos al tren que aparece puntualmente. Hora y media de viaje por un paisaje que me llama mucho la atención, pueblos pequeñitos que se mezclan con la urbe, campos de arroz en medio de avenidas, casas pequeñas junto a edificios enormes, callejuelas, coches pequeñitos, cochazos enormes, mientras en el interior del tren casi todo el mundo duerme, y los pocos que aguantan despiertos juegan con sus enormes teléfonos móviles.

Llegamos a Osaka y nos mezclamos rápidamente con la masa de japoneses que regresan con prisa a sus casas, hay de todo, ejecutivos, estudiantes, amas de casa, viejecitas, tipos y tipas muy raros… me gusta. Pronto encontramos el camino hacia el hotel que se encuentra muy cerca de la estación y vamos tanteando el que será nuestro barrio durante los próximos 4 días. Una vez más el check in en el hotel se convierte en una divertida conversación entre mi inglés académico (de academia) y el que la japonesa que amablemente me atiende pretende que sea inglés. Al final nos ponemos de acuerdo y subimos a nuestra confortable habitación del hotel Ramada Osaka.

Después de colocar la maletas, y poner un poco de orden empezamos a descubrir Osaka y buscar un lugar para cenar. Paseando por callejuelas finalmente encontramos un pequeño restaurante con una barra tras la cual el cocinero te prepara los platos que están expuestos con fotografías en la carta. Elegimos un poco al azar, sopa con ingredientes muy variados para Bea, y yo me tomo un plato de carne con brotes de soja, arroz que no falte y una sopa que me sabe a gloria, se me debió notar en la cara porque el cocinero me sirvión un segundo tazón. Y con el estómago lleno, paseamos un buen rato por Osaka hasta que el cansancio nos vence… de vuelta al hotel que mañana nos espera Nara. Buenas noches!

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